Malas costumbres

John Kirk, un audaz director de televisión británico, reunió a diez representantes de las más remotas tribus africanas y los introdujo en un barco que llamó "Kunta Kinte" para realizar una travesía entre el continente negro e Inglaterra. Se constituiría este en una suerte de "reality de esclavos", claro que esta vez cada participante no sería sometido a las condiciones extremas de los aberrantes barcos esclavistas de antaño. De hecho, habría cuartos individuales y abundante comida y bebida. El único elemento que recordaría el ominoso pasado sería la presencia de un capitán "despiadado", representado por un actor de carácter. Para que al menos tuvieran una idea de lo que se enfrentarían, a los aborígenes se les expuso un mes a mirar por televisión programas de farándula y, por cierto, de realitys-aventura. Y aquí nos detenemos, pues todos sabemos lo mal que terminó el asunto: al tercer día, el barco hizo aguas salvando milagrosamente con vida sus ocupantes. Para algunos la razón se centró en la incapacidad de los africanos en comprender la naturaleza del concurso. Para otros, en que la aprendieron demasiado bien, ya que, aducen estos, que los numerosos agujeros hallados en la carcaza y en las paredes interiores del "Kunta kinte" se corresponde perfectamente con la intención del espacio de que cada concursante tratase de conocer a cualquier precio lo que hacían y planeaban sus adversarios.

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