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Enzo estaba bajo un descascarado paradero de buses cuando un gordo se le sentó al lado.
- ¿Por aquí pasan los que van a la plaza Brasil,amigo?- preguntó el tipo.
- Sí.
Silencio.
- ¿Sabía que están todos ciegos?- disparó a quemarropa.
- ¿Qué?
- Ciegos, ciegos como topos.
- …
- ¿Ve a esa señora que va en el taxi? Es ciega. Tanto como el chofer.
- No será peligroso- dijo, Enzo, desconcertado con sus propia palabras.
- ¿Sabe por qué?
- No…
- Porque NO BUSCAN AL SEÑOR…
- …
- ÉL se parece mucho a mí ¿sabe? Sólo es un poco más alto.
- …
- Para encontrarlo sólo es asunto de raspar. Porque ÉL está bajo todo: bajo las pasamanos y los cristales y las rejas y… Por eso yo ando siempre con esta lija sagrada, ¿ve?
- Ah…
- Lo noto incrédulo. Seguro que tiene el ombligo salido como los endemoniados. A ver, a ver…
- Suélteme…
- ¡Ve!, ¡ve!... Un día abordará un bus y luego se percatará que va dentro de una panza de un dragón. Como le pasa a los ciegos poseídos. Tal cual le pasó a mi suegro…
- …
- Ese era ciego como una puerta…
- Bajo todo está el Señor, dijo usted…
- ¡NO! Ni bajo las puertas ni bajo las camisas de cuello duro está ÉL…
De repente, el gordo subió a un bus y se alejó. El autobús iba en dirección opuesta a la Plaza Brasil.
“Todos están ciegos”, pensó Enzo. Luego miró el paradero casi sin pintura. En el techo creyó ver una mano grande, bella. Protectora



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