Allende

Conocí a Allende. Iba cuatro o cinco cursos por delante mío en el Liceo. Era alto, fornido, moreno y mechas tiesas. Usaba lentes oscuros, de montura gruesa y hablaba con gestos lentos y ceremoniosos. En realidad, más bien, lo vi a lo lejos subido en una tarima hablándole a la multitud de mi Liceo. Se celebraba, después de años una elección libre del Centro de Alumnos, luego del Golpe Militar de 1973. Recuerdo, sobre todo, los gritos de apoyo que recibía, incluso de los alumnos más tímidos y cobardones que, por fin, parecían recobrar la voz luego de un extenso letargo.

-¡Allende!,¡Allende!,¡Allende!-gritaban como verracos.

Y sus voces eran la expresión misma de una mezcla rara entre rabía y algarabía.

No se ni siquiera si Allende ganó esas elecciones. Pero me gustaría encontrármelo porque parecía un gran tipo.¿Qué será de él? Tal vez halla triunfado en la vida o eso que al menos los chuscos llaman triunfar:auto descapotable, casa con piscina y mujer repleta de silicona. Pero, en realidad, preferiría verlo de otro modo. Verlo recuperándose de una gran caida, tal vez, como un alcoholico rehabilitado, trabajando de guardia de un museo, por ejemplo, con una permanente sonrisa ancha y bondadosa.

Como comprendiéndolo todo.

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