Es terrible, Cora, terrible. Ya una ni siquiera puede salir a la puerta de la casa, porque ahí están esos malacatosos, resollando. Sí, mujer, son una pandilla de doce melenudos vestidos de negro como vampiros y unos tétricos tatuajes de calaveras en las frentes.
Su primera víctima fue la Laurita. Figúrate que la interceptaron en calle Prat y, uno de ellos, el Pus, le puso una cosa brillante ante los ojos.
— Sabemos que padece diabetes, señora. Por eso nos tomamos la licencia de comprarle éste cortaúñas especial.
La siguiente, fue la Luisa, que un día volvió a su casa y la encontró completamente aseada: encerados los pisos, limpios los vidrios, sacudidos los muebles. Al lado de la nota identificatoria, los pandilleros le dejaron dinero para que comprara alimento para el canario.
Y no te creas que son las únicas: además, organizan rifas a mansalva, enseñan gratuitamente a los niños, reparan sin costo artículos eléctricos…
Es una pesadilla, Cora. A mí no me han hecho nada, pero presiento que hoy, sí. Sé, por buena fuente, que esta noche me traerán una torta de piña para celebrar mi cumpleaños. Pero no sospechan con quién se meten. No, señor. Los esperaré en mi mecedora con una escopeta en el regazo. Ja, cuando me vean, ja, los obligaré a comerse la torta y a darme sus cuentas bancarias para meterles por internet todos mis ahorros.
Venirme con esas a mí, degenerados.
Tolerancia cero
Publicidad por Bligoo.com
Comentarios de este artículo en RSS



Comentarios recientes
hace 2 meses
hace 2 meses
hace 3 meses
hace 7 meses
hace 8 meses
hace 9 meses
hace 10 meses
hace 1 año
hace 1 año
hace 1 año